El “Romancero canyengue”

El “Romancero canyengue”

El “Romancero canyengue”: apuntes rantes

por José Arenas

En la carta de Cátulo Castillo que oficia como prólogo en la primera edición del “Romancero canyengue” (1967), hay un aspecto que el bardo destaca respecto de los versos de Ferrer que es bien interesante. El autor de “La última curda” hace hincapié en el lenguaje durante casi toda la carta. Y no en el lenguaje de forma general, sino en el lenguaje que los versos de este poemario utiliza. Según Castillo, el lenguaje que Ferrer propone es novedoso e innovador, y pareciera que en esta manera de la poética criolla en estos poemas “lunfas y grotescos” hay un germen de la nueva estética.

En realidad, en ese prólogo, por momentos pareciera que la lengua nueva, el nuevo lunfa de los poemas es casi un guiño, una butade con la que entrar al mundo rante. El elogio del lenguaje es casi la felicitación por una buena broma. De todas maneras, el hecho de que Cátulo Castillo se fijara en esa forma ya ferreriana de la escritura es clave; en los textos del romancero aparece la génesis de lo que será luego el sello de la poética de Horacio Ferrer; cierto barroquismo, la musicalidad casi cantable, los neologismos especialmente al respecto del tango, etc. Puede decirse que con la aparición del “Romancero canyengue” se hace explícita la condición de un tango nuevo, al menos en la letra. (...)

La edición tiene ilustraciones de Maca e incluye un CD con Horacio Ferrer diciendo sus textos con la guitarra de Agustín Carlevaro.

 

 

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