El arte & Café Lempicka

El arte & Café Lempicka

El arte & Café Lempicka

Cuando el arte de saborear un café es acompañado por las imágenes de una obra, hay motivos para tomarse una pausa. Quienes habitualmente tenemos la costumbre de concurrir a comprar café y encontrar un producto que nos lleve al sabor de aquél café que tomábamos en el Sorocabana, en algún boliche de La Habana o Colombia, seguimos buscando en casa ese sabor. Que no encontramos, por más mezclas y porcentajes de distintos estilos de café que solicitemos, molido para cafetera express con filtro de metal. Finalmente descubrimos y comprendemos que nuestra nueva cafetera tampoco tiene los bares de presión suficientes para sentirnos complacidos.

Pero el tema del café sigue siendo el despertar de cada mañana, el complemento después del almuerzo, o la compañía mientras estoy frente a la pantalla de la computadora editando.
Por invitación del Embajador de Perú Marco Balarezo y su equipo, concurrimos a la degustación de @cafefemeninoperu en la sala Renoir del Hotel Radisson Montevideo.

En la oportunidad, Janet y Carolina ofrecieron además de su café, una interesante charla sobre los objetivos y el nacimiento del emprendimiento Café Lempicka. El local está ubicado en Agraciada 2566 entre Aguilar y Gral. Luna en Montevideo. Pueden ubicarlo en facebook: Café Lempicka.
Café Femenino es una marca social y ambientalmente responsable desde el año 2004. Es producida por mujeres cafetaleras del nororiente peruano, café de la alta montaña, en las regiones de Amazonas, Cajamarca y Lambayeque.

Se ha desarrollado basándose en la organización de las mujeres cafetaleras, proponiendo la separación del café para ofertarlo al mercado con una marca distinta, que ayude al sostenimiento de la economía y empoderamiento de la mujer caficultora peruana.

Tamara de Lempicka no siempre fue una artista reconocida. Durante su juventud y parte de su madurez, sus pinturas alcanzaron un gran reconocimiento; de hecho, fue una de las pocas mujeres que consiguió vivir de su trabajo como artista.
En décadas posteriores la obra de Lempicka ha sido reivindicada y recuperada, siendo en la actualidad una de las artistas más cotizadas del siglo XX.

Tamara de Lempicka tenía muy claro quién era. “Fui la primera mujer que hizo pinturas claras y evidentes; y ese fue el secreto del éxito de mi arte. Entre cien cuadros, es posible distinguir los míos. Y las galerías comenzaron a ponerme en sus mejores salas, siempre en el centro, porque mi arte atraía al público”. Algo que sigue siendo cierto: hoy, las obras de Tamara de Lempicka atraen a miles de visitantes en museos y exposiciones.

Es complicado establecer la fecha concreta del nacimiento de Tamara de Lempicka. Sin embargo, son muchos los biógrafos que coinciden en indicar que nació en 1898 en Varsovia, Polonia; mientras que según la artista, su nacimiento tuvo lugar en Moscú, Rusia en 1907. Lo que sí es cierto es que su padre, un abogado ruso bien situado, se mudó con su familia a San Petersburgo cuando la artista era aún una niña.

Durante su infancia, el primer contacto que mantuvo con el arte supuso un fuerte impacto en la joven personalidad de la pintora en ciernes: su abuela, perteneciente a la aristocracia, se la llevó de viaje por Italia en 1911, cuando tenía 13 años. La artista lo contaba así en años posteriores: “De repente, me encontré con obras pintadas en el siglo XV por artistas italianos. ¿Por qué me gustaron tanto? Porque eran tan claras, tan nítidas…”. Las líneas limpias y las superficies saturadas características de los manieristas italianos ejercieron una poderosa influencia en su arte.

Dio sus primeros pasos en la pintura durante su adolescencia. Posteriormente, de Lempicka se definiría en varias ocasiones como una artista autodidacta. Sin embargo, durante su juventud estudió en varias instituciones parisinas, desde la Académie de la Grande Chaumière, hasta la Académie Ranson. También pasó largas jornadas en el Museo del Louvre, empapándose de la obra de los maestros. Pero sin duda su mayor mentor fue el fauvista André Llhote.

“Vivo en los límites de la sociedad, y las reglas de la sociedad no se aplican a aquellos que viven en el límite”, comentó Tamara de Lempicka. Es en 1922 cuando añade el “de” a su nombre, y cuando empieza a modificar y a construir su nueva biografía. De Lempicka era habitual en los salones literarios, donde la cocaína, el hachís y el alcohol corrían por doquier. La bisexualidad de la propia artista, ampliamente tolerada en los círculos en los que se movía, queda fielmente reflejada en muchas de sus obras.



En 1929 pinta uno de sus cuadros más famosos, “Autorretrato en un Bugatti verde”, obra que se ha convertido en el ícono más famoso y reconocible de la pintura Art Déco. En el lienzo, la pintora mira desafiante a la cámara y se muestra a sí misma en una posición habitualmente ocupada por hombres. El cuadro fue un encargo para la portada de la revista de moda alemana Die Dame y es un compendio del estilo único y personal de la artista.
En 1962, la galería Lola's Gallery de Nueva York inaugura una exposición con la obra de Tamara de Lempicka. La crítica acoge la muestra con frialdad, pero la artista sigue, no deja de trabajar. En sus últimos años de Lempicka decide trasladarse a México, país que se convirtió en su último hogar y que siempre llevó en su corazón.

En 1972, el Museo de Luxemburgo de París organiza una exposición con su obra que vuelve a despertar el interés del público, haciendo que la artista se reconcilie con la crítica. En 1980, Tamara de Lempicka fallece; y por deseo propio, su cuerpo es incinerado y las cenizas esparcidas en las faldas del volcán Popocatepetl.

 

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