Oumou Sangaré

Oumou Sangaré

Oumou Sangaré
Koerner hall, Toronto
20 de abril, 2024

Oumou Sangaré con:
Emma Lamadji, Mamounata Guira, coros - Abou Diarra, n'goni -
Alexander Millet, Fender Rhodes y sintetizadores -Julien Pestre, guitarra eléctrica- Elise Blanchard, bajo eléctrico - Budjo Dibo, bateria

por Sergio Faluótico

Tengo que confesar que no conocía mucho de Oumou Sangare. Apenas que había participado en el CD Imagine de Herbie Hancock y en African Fantasy del percusionista indio Trilok Gurtu. O sea nada. Pero muchas veces me gusta "conocer" al artista en vivo; ir sin preconceptos o expectativas para asi realmente encontrar algo nuevo, sin buscar necesariamente confirmar una imágen del artista. Y por lo general me llevo grandes ( y gratas) sorpresas. Como esta.

Oumou Sangare y su banda se presentaron en Koerner Hallel sábado 20 de abril 2024. Para empezar fue un concierto solo de ella. O sea dos horas de su música. Oumou Sangare se dedicó a cantar, a dejar que la música hablara por si misma.
Y vaya que lo hizo.

Proveniente de Mali, Sangare es reconocida por su trabajo social en pro de los derechos de las mujeres en su Mali natal y en Africa en general. Mucho de eso se traduce en las letras de sus temas. Pero uno desde el otro lado del Atlántico no entiende ni su dialecto ni su idioma de adopción, el frances. Entonces me limito a absorber el fenómeno netamente desde el punto de vista musical y decidirlo con la clásica, simple pero efectiva disyuntiva: me gusta o no me gusta. Al final de todo siempre se trata de eso. (Dicho sea de paso asi llegamos muchos a escucharrock, blues, soul y jazz: sin entender una palabra de inglés.)

Sin ánimo de ofender sensibilidades políticas, sin querer pecar de arrogante creo que toda lo demás circundando el hecho musical es justamente eso: periférico y ayuda o debería influir poco a la hora de decidir si tal o cual música me gusta o no, me llega o no. Por eso sufrí tanto los discursos socio políticos de otras artistas africanas donde se pretendía o efectivamente se relegaba una música increíble a un segundo plano. Quizás que Sangaré no hablara inglés fluidamente contribuyó en gran forma a que eso no pasara.


Sea por una cosa o por otra el suyo fue un concierto espectacular donde pude apreciar dos horas de su música ejecutada por una banda de excelentes músicos; pude escuchar la gran variedad de sus temas, pude escuchar las raíces de las cuales florecían sus propias músicas, pude experimentar la gran fuerza del ritmo, la gran unión de lo tradicional y lo contemporáneo. Y si hubiera entendido las letras hubiera disfrutado aun mas, seguramente. Las cosas asi expuestas, entonces, me forzaron a enfocarme en lo que, despues de todo, es lo central: la música.

Como dije la banda fue excelente. Este era un septeto en el cual cada integrante era una pieza fundamental del rompecabezas musical. Para empezar, y como dato anecdótico, esta era una banda africana sin percusión. Claro, uno facilmente cae en el estereotipo de pensar que toda banda africana debe tener percusión. No esta, por lo menos. Y funcionó a las mil maravillas, sin perder su identidad. Una identidad rítmica asumida por toda la banda como una gran máquina de ritmo claramente de corte africano, con sus cantos y contracantos, lineas de ritmo paralelas, sumision total a patrones ritmicos ejecutados con disciplina y dedicacion. En suma una música vital, plena de melodías y de una fuerza arrolladora.

Quizas ( y quizas sin quizas) esto se deba en gran parte a la figura y el sonido espectacular de Abu Diarra y su n'goni. El n'goni es un instrumento similar a la Kora, o sea una especie de arpa, solo que de seis y en el caso de Diarra, nueve cuerdas afinadas pentatónicamente.
Diarra fue sencillamente genial dirigiendo y llevando la música a niveles altísimos. sus riffs o frases ritmicas repetidas hipnoticamente establecian un tempo y tambien una tonica, un mood que la banda llevada a niveles de intensidad insospechados.

Por momentos su figura evocaba la de Jimi Hendrix con su atuendo multicolor, con su n'goni recostado a su izquierda como una guitarra, con su manejo escénico que fue de una postura estática en su mágico solo de introducción al concierto, a caminar por todo el escenario y cantarse todos los temas sin micrófono, a saltar al compás alucinante de la música en un final a toda máquina.

El trabajo de su coro fue espectacular. Sólo dos cantantes pero que cantaban sus melodías de base con gran swing, con un sentido ritmico impecable lo cual permitia a la voz y la melodia central de Sangaré emerger con autoridad, resaltándola y empujándola a dar mas. Las llamadas y respuestas entre ellas fueron sublimes. Asi cono su danza, parte esencial de la expresión musical.

La banda claramente impulsaba a Sangare a cantar con gran intensidad pero también con una ternura excepcional. Una calidez que resaltaba la gran calidad melódica de sus temas. Sangaré se acompañaba con una cabasa pero no como un accesorio para hacer de cuenta que tocaba algo cuando no cantaba. Para empezar, cuando no cantaba, bailaba muy bien, sin grandes despliegues físico, pero bien, con gusto y sobriedad . Pero su ritmo con la cabasa era real y justo, acentuando cada corte - algunos bastante complejos - junto a su baterista con gran precisión.

Su guitarrista, Julian Petres fue sólido ritmicamente. Su sonido, algo antigüo en mi humilde opinión contribuyó en buena forma a darle ese toque retro a la música. Ayudado también por el uso de un Fender Rhodes por parte de Alexander Michellet, sin lugar a dudas. La sección rítmica, cosa esta difícil de definir en esta banda donde todos son parte de ella, tenía en Elise Blanchard una bajista sólida con muy buen sonído asi como un baterista, Budjo Dibo, para nada exhuberante pero capaz de proyectar un groove impresionante. Esta banda sin percusión, vuelvo a repetir, sonó tan africana como otras o mas que otras con gran despliegue percutivo.

Prueba de que el ritmo no es patrimonio o dominio exclusivo de u tipo de instrumento: es la expresión concertada, deliberada y constante de un diseňo sonoro ejecutado con disciplina y respeto a la música. Asi asumida por toda la banda (como debe ser siempre) se transforma en presencia arrolladora. Dicho sea de paso, Sangaré no necesito arengar al publico para que bailara. Ya estaban todos de pie, batiendo palmas y cantando por el gran poder de su ritmo. La banda de Sangaré lo llevó a las mas altas esferas. Y a nosotros con ellos. Como dato al márgen, y sin ánimo de ser reiterativo, esta es música para experimentar en vivo pues alli es donde puede desplegar todo su poderio. Es el tipo de música, en mi opinion, que no se beneficia muy bien de la grabación...

Tomemos por ejemplo su último CD Timbuktu ( 2022). Varios de los mismos temas que tocó en vivo en su versión en estudio si bien ganan en calidad sonora gracias a su excelente produccion, suenan casi fríos, como presos de la tecnología, desprovisto de la gran energia que desplegaron en el teatro. No respiran de la misma forma, no tienen el mismo poder, no tienen la misma vida a pesar de contar con abundante percusión y numerosos coros. Tampoco se beneficia de la presencia de Abu Diarra y las maravillosas líneas melódico-rítmicas de su n'goni, descansando mas sobre los colchones armónicos de los teclados.

Woussolo Don con su pesada walking line, Dewi N'kelena con su lento pero poderoso bluesy feel, o el mismo Timbuktu y Sarama, arrolladores ambos en vivo, en su versión en estudio suenan vacÝos, o reiterativos. Tal vez sea por que, con toda justicia, se prioriza a la voz- bastante prominente en la mezcla-armando todo el entramado musical alrededor de esas letras que nosotros lamentablemente no entendemos. En vivo, sin embargo y a pesar de no entender el significado de las letras, la voz de Sangaré era parte integral de toda la música, afectaba a la música de otra manera y la elevaba a un nivel extraordinario.

Durante el concierto en uno de sus breves parlamentos al presentar una cancion Sangare hablo sobre este CD -Timbuktu. Contó como al llegar la pandemia y con ella la cuarentena se eencontró, de repente, sin nada para hacer. Paradójicamente, pudo encontrar el tiempo, la soledad necesaria que su ocupada agenda de activivdades no le daba para componer. Y asi, de ese enfoque positivo durante un periodo negro, nació esta colección de canciones. Ninguno de estos musicos forma parte de la grabación de ese proyecto.

Quizas, si la pandemia le hubiera permitido tocarlos en vivo o ensayado el material con ellos; otra hubiéra sido la historia. Pero ahora, casi dos aňos después sólo podemos especular con esa idea. Las cosas son como son y no como uno las piensa. O quiere.
Yo, por mi lado, simplemente me digo: que suerte que tuve de verlos en vivo. En resumen un concierto absolutamente excepcional y arrollador de Oumou Sangaré y su banda. Una oportunidad también inigualable de presenciar a un genio de la talla de Abu Diarra y su n'goni. Y un master class de ritmo y buen gusto. ¿Qué más se puede pedir?

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