Daniel Melingo

Oasis - El Linyera…al principio fui un virus
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Oasis
Daniel Melingo


Me cuesta encontrar trabajos discográficos que me atrapen. Hoy, con todo el tiempo para darnos tiempo, arrinconado entre la ventana y la pantalla de una manzana metalizada, tenía que ser un Linyera el que se metiera en mi casa por las cajas de audio, con su voz cascada, diciéndome: “buscando verme libre di con un adivino, fue en el viejo San Telmo, donde un ciego anticuario predijo mi destino.” Estas primeras palabras me llevaron a recostarme hacia atrás en mi sillón de escritorio, como tomando distancia, pero al mismo tiempo acomodándome para escucharlo atentamente. “Después con mi guitarra al hombro, buscando a mis ancestros, encontré un hechicero. El principio del fin.", cuenta Daniel Melingo. Ahora, seis años más tarde, con calles desiertas, llega con un nuevo disco titulado Oasis. Oportuno, el título y el momento, para completar la trilogía que comenzó con Linyera en 2014 y Anda en 2016.


aldo novick

 


Caminando y hablando solo, colgado de su desgracia, el Linyera… en un surco mezcla el español y el italiano. Dice que no es un hombre, “soy un virus en tu mente y tu no puedes conmigo. Mis amigos son cucarachas desesperadas arrastrándose por el basural para afanarse algún mendrugo.” Por la mitad del disco, Navegantes, y el sonido del grupo con la participación de Vinicio Capossela me invitan a subir el volumen y volver a acomodarme para disfrutar del Oasis. La voz de Daniel Melingo, acompañado por Muhammad Habbibi: guitarra, Juan Ravioli: bajo & samples, Gomez Casa: batería & samples, Matias Rubino: bandoneón y Baltasar Comotto: guitarrra & Patan Vidal: piano, músicos invitados.


Cuenta Melingo: El Linyera es un trashumante que va de un lugar a otro trasladando mucho más que su cuerpo. Lleva consigo historias, relatos de viaje, paraísos perdidos, terruños conquistados, mensajes construidos de boca en boca. Siempre en un camino de libertad. Debajo de un cielo estrellado, al lado de las vías o de un río incesante, en medio de la incertidumbre de la vida. Bohemio, agnóstico y anarquista, no le debe nada a nadie. El décimo tema: El blues rebétiko de 7 vidas, con la participación de Andrés Calamaro, es un tema para escuchar reiteradamente. “Al principio fui un virus (…) Me llaman el siete vidas, y lo recuerdo todo desde el Genesis hasta el lodo, aunque mal me pese soy un ente con grillete, y pago mi culpa en este envase hasta que el tiempo se acuerde de mi…”.

Daniel Melingo toca varios instrumentos: clarinete, saxo y guitarra, además de contar con una voz que le permite cantar al ritmo del bandonén un tango como ¡Está vivo!, o sorprendernos con ritmos y textos que escapan de la milonga o el tango. Melingo nos lleva a una puesta en escena montada en un disco, la cual describe con talento, gusto, sentimiento y un relato que agrega: Su leyenda no pudo ser aprehendida por nadie. De él se sabe poco. Sólo que es una persona transparente, su ley es la palabra. Pero poco más se sabe de este personaje épico. El origen del Linyera es ignorado hasta por el propio Linyera. Es como si hubiese desperdigado por la ciudad fragmentos suyos, papeles escritos, relatos orales que escucharon mendigos y tahúres, historias incompletas. En el mapa sentimental y arrabalero de Buenos Aires, cada calle es una conquista que enarbola su mito.

Daniel Melingo es autor del recordado tema Chalamán de Los Abuelos de la Nada, banda que integró, junto a Miguel Abuelo y Andrés Calamaro. Participó también del grupo Los Twist. Fue invitado por Charly García a la presentación de Yendo de la cama a living. En la segunda mitad de la década del ’70 trabajó junto a Milton Nascimento. En una entrevista que le realizó el año pasado un periodista de Clarín, Melingo expresó: “los que quedamos en carrera somos sobrevivientes”. Casi al final del disco, el tema que le da título al trabajo: “Entonces apareciste en el último segundo, para volver a la calma marea de amor del mundo, Oasis del desierto, cómo voy a agradecerte esta primavera, esta primavera, Oasis del desierto salvaste el alma entera… cómo voy a agradecerte esta primavera, esta primevera. Ahora que ya somos libres se borraron las fronteras, los errores del pasado (…)".

 


Habían transcurrido trece surcos, me sentía dentro del Oasis, de las historias del Linyera. Había encontrado más de una docena de motivos para permanecer en cuarentena, en este otoño caluroso en marzo 2020. Con los ojos cerrados fuimos entrando en el Sueño del éxodo: “Voy llegando, voy volviendo, tierra mía, tan preciada, tan perdida, antes de llegar, no recuerdo un instante cómo era todo antes, viejo barco, de madera y quimeras, que hacia el puerto va. Mundo que conocí, en el ayer dormido, vine a recuperar, mi fantasmas vivos (…) Era mío, fue tan mío, tan lejano, tan perdido, tierra mía toda entera, si pudiera, cambiaría, tengo miedo, tengo sueño, voy volviendo sin saber qué encontraré. Mundo que conocí en el ayer dormido (…)”.

El sentimiento es el vehículo necesario cuando de música hablamos. El canto o la música pura serían solo un ejercicio sin ese vehículo. ¿Qué sentido tendría la vida sin música? ¿Qué destino tendría el emisor sin receptor?", expresó Daniel Melingo sobre la inspiración y la creación. Un trabajo para incorporar a la discoteca de los amantes de la música. En el cual también trabajaron: Mixing & Coproducer: Oliverio Sofia, Record & Editing: Juan Ravioli, Recording & Mixing: Mauro Taranto, Mastering: Jon Astley, Design: Ale Ros, Art: Ricardo Mosner, Photos: Alfredo Srur.

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