¿Alterados mentales o Alertados mentales?

¿Alterados mentales o Alertados mentales?

¿Alterados mentales o Alertados mentales?

Sergio Faluótico 

Me encuentro hoy con dos sueltos periodísticos de corte científico sobre la música. Ambos detallan investigaciones y estudios por los cuales arriban a conclusiones no ya opuestas pero curiosas si se las miran lado a lado. La primera que vi, que justamente puede considerarse como un suelto periodístico ya que no va mas allá de reportar un resultado sin más detalles para evaluarlo, es ésta:

Al parecer los desórdenes mentales son ingredientes cotidianos en la vida de los músicos profesionales. Un estilo de vida acelerado, el desgaste propio de giras o presentaciones nocturnas, además de una buena dosis de ego y, en muchos casos, sustancias varias, parecen elementos más que suficientes para fertilizar la gestación de desequilibrios mentales.

Hace un año la organización Help Musicians UK se propuso determinar qué porcentaje de los músicos profesionales - tomando en cuenta todos los géneros - padecía algún tipo de desorden mental, incluidos depresión, paranoia e insomnio crónico, entre otros. El resultado del estudio fue sorprendente, ya que más de 60% reportó padecer o haber padecido alguna de estas condiciones, mientras que 71% de los participantes advirtió que estar de gira es uno de los factores más nocivos en este sentido. 

Al respecto Isabella Goldie, de la Mental Health Foundation, considera obvia la correspondencia entre el lifestyle de la mayoría de los músicos y la propensión a un desequilibrio mental:

La imagen típica de un músico durante una gira parece exactamente lo opuesto a lo que todos entendemos como bienestar. Beber moderadamente, evitar el consumo de drogas, dormir las horas que el cuerpo necesita y apoyarse en amigos cercanos y familiares, éstas son las cosas que ayudan a mantenerte equilibrado y sólido. En este sentido no es sorpresivo que muchos músicos tengan dificultades para mantenerse sanos. 

Otro factor que numerosos músicos acusaron como un facilitador de desequilibrio anímico o mental tiene que ver con lo contrastante que puede ser disfrutar de una buena actuación y el momento inmediatamente posterior, la celebración, con los días posteriores a ésta, en los que generalmente hay estrés, nerviosismo, presión por parte de las marcas o los medios, desgaste físico, muchas horas en trayectos aéreos o terrestres, etc. De hecho existe una condición llamada PPD o "depresión post performance", que refiere precisamente a esto. 

Así que la próxima vez que, influenciado por MTV, tiendas a creer que la vida de los músicos es algo envidiable o a lo cual aspirar, recuerda que también podría ser algo poco deseable. Por otro lado recordemos que la creatividad y la locura son parientes relativamente cercanos y que en este sentido a veces el arte exige, como tributo, un poco de demencia.   


The Guardian http://nosgustalamusica.com/un-estudio-revela-que-el-60-de-los-músicos-padece- algún-problema-mental/



La segunda, un poco más amplia en su reporte, es esta otra :

 

A juzgar por los resultados de una investigación mediante resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) hecha en niños y adultos, aprender a tocar un instrumento musical nos vuelve más inteligentes. Concretamente, el estudio revela una posible conexión biológica entre una formación musical recibida a edad temprana y una mejor capacidad de ejercer funciones cerebrales ejecutivas en la infancia y en la adultez.

Las funciones cerebrales ejecutivas son los procesos cognitivos de alto nivel que permiten a las personas procesar información con rapidez, retenerla en la mente el tiempo suficiente, regular el comportamiento, hacer buenas elecciones, resolver problemas, trazar planes y ajustarse a las cambiantes exigencias mentales.

Dado que la capacidad de ejercer funciones cerebrales ejecutivas es un claro indicador de los logros académicos que se pueden alcanzar, incluso más que el coeficiente intelectual (o cociente intelectual), los resultados de esta investigación tienen fuertes implicaciones para las políticas educativas, tal como subraya Nadine Gaab, coautora del estudio, de los Laboratorios de Neurociencia Cognitiva del Boston Children's Hospital (Hospital Pediátrico de Boston), dependiente de la Universidad Harvard en Boston, Estados Unidos. La asignatura de Música en los colegios, o las actividades musicales extraescolares, probablemente sean para la mente como el deporte para el cuerpo.

Si bien ya está claro que el adiestramiento musical se relaciona con las habilidades cognitivas, pocos estudios anteriores habían examinado sus efectos específicamente sobre las funciones cerebrales ejecutivas. Además, hubo mucha variación de resultados entre esos estudios, y estuvieron limitados por una falta de mediciones cerebrales objetivas, un examen de sólo unos pocos aspectos de las funciones ejecutivas, una falta de adiestramiento musical bien definido, la no inclusión de grupos de control, y un ajuste inadecuado para factores como el estatus socioeconómico.

El equipo de Gaab, Jennifer Zuk, Christopher Benjamin y Arnold Kenyon comparó 15 niños con formación musical, de 9 a 12 años, con un grupo de control de 12 niños sin tales conocimientos musicales y de la misma edad. Para catalogar a un niño como poseedor de formación musical, debía haber tocado un instrumento musical durante al menos dos años en lecciones extraescolares periódicas de interpretación musical. En promedio, los niños habían tocado 5,2 años y practicado 3,7 horas a la semana, empezando a la edad de 5,9 años. Los investigadores compararon de forma parecida a 15 adultos que eran músicos profesionales en activo con 15 que no lo eran. Ambos grupos de control carecían de formación musical más allá de los conocimientos genéricos habituales adquiridos en la escuela.

Dado que los factores demográficos de la familia pueden influir en si un niño recibe o no clases extraescolares de música, los investigadores equipararon a los grupos de músicos y no músicos sobre la base de la educación de los padres, por categoría de empleo (de los padres o de ellos mismos) y por ingresos económicos familiares. Los grupos, emparejados también por coeficiente intelectual, pasaron una batería de pruebas cognitivas, mientras que los cerebros de los niños fueron además sometidos a exámenes por fMRI durante las mismas.

Durante dichas pruebas, los músicos adultos y los niños con conocimientos musicales mostraron un rendimiento mejorado en varios aspectos de las funciones cerebrales ejecutivas. Durante los exámenes por fMRI, los niños con adiestramiento musical mostraron una mayor activación de áreas específicas de su corteza prefrontal mientras afrontaban una prueba que les hacía ir cambiando entre tareas mentales. Estas áreas, el área motora suplementaria, el área presuplementaria y la corteza prefrontal ventrolateral derecha, son conocidas por estar conectadas con las funciones cerebrales ejecutivas.


http://noticiasdelaciencia.com/not/10700/tocar-música-nos-vuelve-más-inteligentes/

 

Debo confesar que me sentí un poco agraviado por la primera pues, ¿como definir la normalidad? ¿Cuáles son sus parámetros? Y, una vez determinadas estas dos cuestiones, ¿qué franja del total de la humanidad no comparte los susodichos problemas mentales? Quizás comparativamente los músicos tengan menos problemas mentales que el grueso de la población. Esta teoría se vio reforzada en mí, debo admitirlo, cuando leí la segunda nota.

En ella se exalta el tocar música como factor determinante para desencadenar mejores procesos mentales (atención, creatividad) y específicamente para desarrollar más inteligencia. Por supuesto todos estos, como la locura, son conceptos relativos. Pero apliquémoslos a la vida en un contexto urbano, al Hombre en sociedad, lo cual significa estar inmerso en un sistema social y económico con sus pautas y códigos de conducta.

Entonces mi inicial suposición se torna súbita revelación: puede ser que, a través de su mayor grado de sensibilidad e incremento de facultades cognitivas, esté el músico mejor equipado para “ver” más claramente todo lo que normalmente no se aprecia. O, mejor dicho, lo que no se quiere apreciar: la indiferencia, injusticia y barbarie de todos los días, en suma la alienación tanto personal como social, el aislamiento de los otros seres humanos, la desensibiliizacion hacia las cosas que nos rodean: la naturaleza, las artes, la desgracia ajena, las injusticias sociales, el consumo desenfrenado.

Entonces ser músico (o artista en general) significa estar dedicados (algunos dirían condenados) a ejercer una actividad a la cual nadie presta atención realmente, a la cual nadie considera seriamente y para la cual la indiferencia y la crítica despiadada son moneda corriente. ¿Qué músico (o artista) no ha sido sometido a la sorna, el comentario socarrón, la risa o simplemente la total indiferencia al presentar una música, un poema, una pintura, una expresión artística cualquiera? Entonces claro (como diría Jaime Roos) ¿cómo no deprimirse, cómo no angustiarse, o caerse a pedazos poco a poco ante ese constante apedreo emocional? ¿Cómo no sentirse un paria de la rutina? Sin embargo los músicos siguen. Y siguen a veces por cualquier medio necesario. Ese “no estar del todo en las estructuras de la vida” (como diría Cortázar) por lo general se traduce en comportamientos exóticos.

Buscando una realidad donde sea posible vivir, muchos de ellos apelan al alcohol o las drogas pero raramente se convierten en asesinos. Todo lo contrario. Su visión de la realidad es a la vez crítica y esperanza, negación y afirmación. Pues no sólo critica “la de todos los días”, no sólo nos muestra crudamente eso que pasa desapercibido para otros; también contrapone una propuesta alternativa: una canción, un poema, una pintura.

Son, entonces, condenados por ser voces de esperanza en la desesperanza, voces de alerta ante las convenciones, testigos de la belleza y también de la crudeza de nuestros días por vivir, locos visionarios, inadaptados sociales. No sé si están equivocados estos estudios o si tengan un valor relativo mas allá de lo anecdótico.

Quizás, una vez leídos no como opuestos sino como complementos uno del otro, muestran que esa “inteligencia” tan codiciada y valorada por esta sociedad no es panacea sino clave para poder ver la realidad tal cual es y que su “locura” es la llave que abre las puertas hacia esa otra realidad inasible a nuestros sentidos y expectativas. Son los músicos, entonces, alertados mentales y no alterados mentales, como los eruditos estudios pretenden mostrar.

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