Blue & Lonesome
Un año Stone
José María Barrios
Luego de la gira sudamericana Ole Tour, el concierto gratuito en la Habana Cuba, un disco en estudios y la edición de Habana Moon en audio, DVD y Blue-Ray, el universo Rolling Stones se mantiene vigente desafiando el paso del tiempo.
Blue & Lonesome
“Es solamente blues pero…”
Hace ya varios años que la banda tenía proyectado un disco de blues, anunciado incluso por Keith Richards en el documental Under the influence. Este disco para muchos tributo al “Chicago blues”, es más que nada la forma en que Jagger y Richards entienden el blues, sienten el blues y a su manera viven el blues.

Nunca fueron una banda exclusivamente de blues, ni siquiera al estilo del primer Fleetwood Mac, con Peter Green, Jeremy Spencer y Danny Kirwan en guitarras, ni como Chiken Shack de Stan Webb, o el Savoy Brown de Kim Simmonds, y ni que hablar de los Bluesbreakers de John Mayall.
No hay dudas que Brian Jones era quien le daba al grupo la impronta más blusera en los comienzos, prolongada incluso con Mick Taylor que venía de la escuela de Mayall contribuyendo con su guitarra a piezas como You gotta move o I got the blues (Sticky Fingers 1971).
La edición especial de Blues & Lonesome cuidadosamente presentada, cuenta con 5 postales y un verdadero “librillo” de 70 páginas con fotos, comentarios y documentación sobre los autores y como fueron elegidos, realmente muy bien diseñado y criteriosamente elaborado.
Lamentablemente la duración 42’44’’, casi como un LP, deja la sensación de que daba para alguna pieza más. Hay que escucharlo sin prejuicios, desde el principio suenan a Stones, no renuncian a su identidad, por lo tanto no hay que compararlos con los originales, ya que nadie puede sonar igual a Muddy Waters, o Howlin’ Wolf o a cualquiera de los históricos. 
Fueron seleccionadas cuatro composiciones de Little Walter Jacob, el gran revolucionario de la armónica, no es casual que en su infancia quería ser saxofonista, como era imposible tener acceso a un instrumento se decidió por la armónica diatónica y dio forma definitiva al blues de post guerra en el south side de la Windy City junto a Muddy Waters.
Se dice, que Mick fue quien la noche antes del día de la grabación propuso el material que fue realizado prácticamente en una sola toma, con Eric Clapton como invitado en Everybody knows about my good thing, tocando guitarra con slide que no es su especialidad, también en un solo más claptoniano en I can’t quit you baby (no debe compararse con ninguna versión anterior como por la ejemplo la de Buddy Guy), tampoco All your love (de Magic Sam).
Charlie Watts sigue al pie de la letra las pautas de los referentes o clásicos bateristas, su preferido es Fred Below, firme, simple pero inigualable, Darryl Jones nació en el south side de Chicago si bien se decidió por el jazz en sus comienzos, vivió en un vecindario donde se respira y se vive históricamente el blues, por lo tanto tiene el pulso imprescindible, la nota justa, no necesita ninguna indicación para tocar como Willie Dixon o Big Crawford.
Matt Clifford y Chuck Leavell en los teclados, principalmente Leavell con toda la experiencia de haber sido parte de los Allman Brothers y en algún momento de la banda de Eric Clapton, Gov´t Mule, Black Crowes e infinidad de grabaciones, aportan bases sobrias pero muy armónicas con el sonido general.
Y por supuesto las guitarras de Ron Wood y Keith Richards, trabajando de la misma manera que lo hacen con las piezas del repertorio clásico Stones, intercambiando roles solista y definiendo lo que es distintivo de la banda, en esta oportunidad sonando a blues.
No hay virtuosismo, porque nunca existió, quizás lo que se buscó más que en otras oportunidades es el trabajo de integración, de conjunto. El tiempo dirá si sirvió para que el gran público, los seguidores de “la mejor banda de Rock& Roll del mundo” fueran a buscar o a conocer las raíces de donde salieron no solo el nombre sino que parte de la esencia de estas “piedras que ruedan y no crían musgo”
