Leonard Cohen Asuntos de vital interés

Leonard Cohen en su casa de Los Ángeles en setiembre de 2016, foto Graeme Mitchell
Leonard Cohen en su casa de Los Ángeles en setiembre de 2016, foto Graeme Mitchell

Asuntos de vital interés

Leonard Cohen falleció en 2016 dejando un enorme vacío, amigos y admiradores. El escritor Eric Lerner cuenta en su libro, Asuntos de vital interés, testimonios de su amistad durante cuatro décadas con el poeta Leonard Cohen. Tras su encuentro en un retiro zen en los setenta, el vínculo que unió a estos dos hombres, que duró hasta el día de la muerte de Cohen, fue un asunto muy especial: compartieron vivienda, sus hijos crecieron juntos, pasaron por matrimonios y divorcios, éxitos y fracasos profesionales. Las primera edicion del libro editado en 2018 por Alianza editorial fue en idioma inglés; un año más tarde se lanzó la versión en español, con 296 páginas.

A lo largo de una larga carrera profesional, Eric Lerner ha editado la revista Zero; ha trabajado en el mundo del cine como guionista y productor en las películas Bird on a Wire, Augustus y Kiss the Sky; ha publicado un testimonio sobre sus primeros contactos con el budismo, y varias novelas, incluyendo El secreto de Pinkerton: El manuscrito original.

Eric Lerner y Leonard Cohen mantuvieron una larguísima amistad. Lerner puede contar su historia. Su obra recorre dos vidas hasta la muerte del poeta. “En 1977, cuando nos conocimos —apunta Lerner—, Leonard ya tenía tomada la decisión de mantener su vida privada tan lejos de los focos de su profesión como le fuera posible”. En Asuntos de vital interés nos enteramos de que así fue, incluso él mantuvo esta actitud en su último adiós. La amistad de Eric Lerner y Leonard Cohen comenzó en un centro budista de Los Ángeles en años posteriores a la década de los sesenta.


En Asuntos de vital interés se habla de los andares que van del centro budista a la confección conjunta de la emblemática revista Zero; de la masculina pasión por los hijos y la cotidianeidad terrenal marcada por el luminoso sentir de ese vínculo. Exactamente lo mismo nos sucede cuando descubrimos el ríspido mundo empresarial alrededor de la disquera que por tantos años le regateó al poeta canción por canción, y que —muy a pesar de la etiqueta— siempre coronó el medio; de la doble cara de la misma moneda cuando la estrepitosa estafa de su administradora lo llevó a la pérdida económica total, obligándolo de nuevo a subir a los escenarios ya entrados los ochenta años; de la palabra que se labra día a día para dar de comer y pagar facturas; de la casa dúplex compartida, como compartido fueron el café y las dolencias del cuerpo y del alma; de la reflexión cotidiana a la religiosidad personal de dos amigos, entendidos en ese amor que dura para la eternidad, cuando se ha plasmado una biografía de calibre entrañable.


La característica voz grave del poeta parece asomarse en la prosa de Lerner. “Sensato” probablemente sea la palabra que define la vida de Cohen según las memorias que describen a su mejor amigo. En la época en que se abrazaba con furor al budismo como una estrella del new age, Cohen fue discreto en su afiliación. Incluso Zero mantenía un equilibrio lúdico con fotografías de Ralph Gibson, textos de Gary Snyder y Paul Bowles, y entrevistas lo mismo con Joni Mitchell que con John Cage. A pesar de haber creado la revista junto con su amigo, Cohen se mantenía como colaborador, dejando la completa dirección a Lerner. Buena parte del proyecto se ideaba en la Tremaine Avenue, en la casa dúplex que compartían, comprada entre ambos a solo diez minutos del monasterio del maestro Joshu Sasaki Roshi, su amigo y mentor.


Vástago de una prominente familia judía de Montreal, Cohen no daba la imagen de creerse el halo sesentero: el poeta gustaba vestir Armani; en casa ropa cómoda, pero no jeans; y en el monasterio, sus “túnicas daban la impresión de pasar por la plancha todas las mañanas”. Tomaba buen vino, comía magramente, siendo la cafetera el aparato más importante de la cocina, y el buen tabaco algo indispensable. Su menester cotidiano fue You want it darker, su última producción discográfica terminada justo antes de su partida de este mundo, miles de luces que quedaron encendidas esperando el amor que no llegó, y sin embargo, siguen iluminando a los seguidores de su espíritu con demoledores argumentos sobre la existencia y la hermosa fragilidad que nos contiene.

 


 

 

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