Juan Gregorio Regino
Juan Gregorio Regino
Cuatrocientos zontles de distancia.
Cuatrocientas leguas al infinito,
luz, oscuridad, imágenes.
Hasta ahí llega la voz del sabio,
el cantor sobador de dolores.
Entre las imágenes divinas.
Entre las imágenes terrenales,
se escucha su voz suave,
su cantar divino, su plegaria piadosa.
Él cruza la senda de la vida,
llega hasta el ndoba isien
Allá platica,
allá discute,
allá aboga
con los dioses que rigen el destino del mundo.
La brisa lo arrulla,
el rayo dormido lo acecha,
retumba su voz piadosa
en el centro del universo.
II
Señor de los cerros, dice
señor de las cuevas, dice.
Duendes del arroyo, dice
padre de la tempestad, dice.
III
Así es como está tendido el día,
así es como está tendida la imagen,
siete leguas de distancia,
siete zontles al infinito.
Hasta aquí se escucha mi voz
hasta aquí se tiende mi espíritu,
casa de seres principales.
Soy yo quien hace su presencia,
el sabio, el guía, el adivinador.
Porque yo tengo el permiso,
porque yo tengo la licencia
de entrar al lugar sagrado
donde yacen los libros sabios.
Benditos sean ustedes
por vivir en la casa limpia.
Gracias por la luz que alumbra,
gracias por la noche que llega.
Hasta aquí llegan mis pasos,
hasta aquí llega mi presencia,
en esta casa que da sombra,
en esta casa que refresca.
Juan Gregorio Regino
Nación Mazateca, México, 1960