Mis Playas, Sus Musas

Alerta Roja
Alerta Roja

Mis Playas, Sus Musas

Eduardo Bolioli y su tercera muestra en Uruguay en menos de seis meses. Entre tablas, pavimento, pistas, olas, agua y arena ofrece hoy su muestra titulada Mis Playas, Sus Musas, en el hall del Hotel Hyatt Centric, Montevideo. No hay nada más agradable para un artista al presentar sus obras que poder hacerlo en un ambiente que reúne el clima, el ambiente y el diseño de un lugar en el cual las pinturas se encuentren en su hábitat; el creador expone y deja un mensaje “a quienes se levantan todos los días y dan batalla en esta lucha por el medioambiente”.

aldo novick






Suelo concurrir a las muestras, en ocasiones varios días más tarde de su presentación. Esta vez elegí un domingo a primera hora de la mañana; estacioné el auto en la puerta del hotel, la rambla solitaria a esa hora del día. Al ingresar por la puerta giratoria descubrí un espacio en el cual arte & diseño conjugan la arquitectura moderna, el buen gusto y una obra del artista Raúl Sampayo, titulada Árbol, bajo un piso blanco y negro, como si fuera un tablero de ajedrez, que limita con tres espacios distintos, a la derecha un living con biblioteca, a la izquierda un moderno bar y restaurante, y unos pasos más adelante el piso de cerámica y madera presenta una mesada enorme con forma natural que parece ser una pieza entera, sin uniones; sobre la misma cuelgan varias lámparas de luz cálida que iluminan las vetas de la gruesa mesa, acompañada de algunos sillones de color naranja y negro. Al fondo una escalera iluminada por luz natural que se filtra por un cieloraso de varios colores.

 

 


En este ambiente se encuentra la muestra Mis Playas, Sus Musas, de Eduardo Bolioli. El primer encuentro fue rápido, como para descubrir de inmediato la nueva propuesta de Eduardo. Luego uno se va tomando su tiempo y contempla a sus Musas desde diferentes ángulos; me senté para disfrutar del momento y el lugar, comencé a sentir que me faltaba algo más. Busqué con la mirada otro posible lugar en el cual se encontrara alguna otra pintura escondida en la intimidad de algún otro sector del hotel. Consulté con una de las chicas de recepción y confirmé que eran cuatro obras: Mulata, Iemanjá, Aloha Rina y Alerta Roja. Por lo cual decidí volver con mis ojos sobre aquellas siluetas negras posando sobre fondos con tramas de distintos colores. Las obras tienen un tamaño de 120 cm por 120 cm, salvo Alerta Roja que es de 130 cm por 130 cm., en acrílico y Posca sobre canvas.






Al salir del hotel tomé nuevamente la rambla; mientras conducía fui recordando una muestra en el MoMA de New York, sólo con cuatro fotos, una por pared en un ambiente no muy grande. Estamos acostumbrados a concurrir a una exposición y encontrarnos con decenas de obras; y cuando nos paramos frente a una propuesta como Mis Playas, Sus Musas, comprendemos que no es la cantidad, es la puesta en escena lo que nos atrapa y nos hace volver a contemplarla. Nos quedamos con ganas de más, como cuando disfrutamos un exquisito plato ofrecido por un chef en un restaurante, o al terminar de escuchar una canción que nos atrapó. Los suaves colores pasteles sobre el negro de las musas son el contraste justo de las cuatro historias que forman parte de una propuesta fina, elegante, moderna, que brota del talento, la simpleza de expresar y pintar su entorno, su vida, su tiempo. Eduardo, luego de dos décadas, regresó en el momento en que el arte volvió a golpear su mente, para despertar su ritmo creativo con marcadores Posca. La muestra se puede visitar en el Hotel Hyatt Centric, Pocitos, Montevideo.

 





Eduardo Bolioli nació con la oleada de la década del sesenta, en Montevideo en 1961. Sufrió los tiempos de dictadura y lo único que le interesaba estudiar era Bellas Artes, pero los militares la habían cerrado. Vivió en New York donde estudió en la School of Visual Arts. Actualmente reside en Honolulu. El skate y el surf son parte de su pasatiempo y como lo expresa el título de la muestra realizada en setiembre 2016 y enero 2017, lleva cuatro décadas rodando.

 



Investigó sobre pinturas para tablas o planchas de surf. Experimentó con tablas propias y de amigos, algunos muy conocidos como Shaun Tomson, Sunny García o Martin Potter. Fue ganando un espacio en el ambiente de la cultura surf, trabajando como director de arte de varias marcas relacionadas con el surfing de Honolulu, California y Tokio. Fue elegido como el artista de Absolut Vodka representando a Hawaii, como también a Uruguay. Sus obras fueron plasmadas en afiches de Miles Davis, UB40 y Aerosmith.







El canal TV VH1 también se interesó en la obra de Bolioli, invitándolo a crear varias animaciones para el canal musical. En el '93 volvió a radicarse en Uruguay con la intención de dedicarse 100% a la pintura, pero dos años más tarde su publicista en New York desapareció con toda su obra. Por lo ocurrido, Eduardo abandonó la pintura por casi dos décadas. A fines de 2013 regresó a Honolulu, donde comenzó a pintar nuevamente y logra el reconocimiento de la elite del Surf Art. En noviembre de 2016 se editó en Francia el libro Surf Artworks de Julien Roulland, donde el autor lo reconoce como pionero del arte con los marcadores Posca sobre las tablas de surf, dedicándole un par de páginas con una entrevista con imágenes. Su retorno al arte lo ha sumergido en varias muestras y sus obras forman parte de varias colecciones.



Mulata

Una leyenda urbana apodó esta pequeña playa. La misma dice que cada tarde una pareja mulata bajaba desde su rancho a esta playa, él se desvestía y nadaba hacia el horizonte para luego sumergirse hasta el fondo. Al rato volvía a la costa donde le entregaba a su amada monedas de oro que había recogido de la profundidad donde se encontraba el tesoro de algún naufragio. Una tarde el mulato no regresó pero ella volvió a esperarlo cada tarde a esa orilla, hasta el día de su muerte.

De chico junto a mi familia, frecuentábamos a menudo la playa de La Mulata; con mis hermanos vivíamos miles de aventuras explorando las rocas, haciendo pozos en la arena y zambulléndonos en la orilla en busca de las famosas monedas de oro. Nunca nos dimos cuenta que el verdadero tesoro estaba frente a nuestro ojos, la playa sin plásticos, las almejas que encontrábamos cuando hacíamos pozos en la arena, los mejillones pegados en las rocas o las corvinas blancas que cada tanto sacaba mi abuelo, allí mismo. Este tesoro, que aún no está del todo perdido, es mucho más valioso de rescatar que aquellas monedas doradas que salvaba el legendario mulato.

 

Mulata



Iemanjá

Cada 2 de febrero la playa Ramírez se pinta de blanco y celeste, cuando miles de uruguayos se acercan a venerar a la diosa del mar. Si bien estos festejos se llevan a cabo en casi toda la costa, la playa Ramírez es, por tradición, el epicentro de los mismos. En el año 1994 al regresar de Hawaii, me invitaron un 2 de febrero a presenciar estos rituales. Al igual que tantos otros curiosos bajé a la playa de Los Botes en la Paloma. Como surfista y hombre de mar la idea de que haya una diosa del mar me seducía enormemente; las velas encendidas, los colores, las ofrendas, las fogatas y el repique de los tambores creaban un entorno festivo, colorido y fascinante.

A la mañana siguiente bajé nuevamente a la playa de Los Botes, ésta vez con mi tabla bajo el brazo dispuesto a surfear algunas olas; con cada brazada hacia el pico, me encontraba con más restos de las barcazas suspendidos en la rompiente, bolitas blancas y pedazos de poliestireno expandido flotando a mi alrededor, veneno puro para tortugas, peces y aves de la costa.


No lograba comprender entonces el porqué de esas ofrendas tan dañinas, ni lo logro comprender hoy. De todas formas, pese a mi no creencia me sigue atrayendo la idea de que haya una diosa del mar, que nos cuide en esos días de mares grandes, que nos traiga olas y que nos provea con alimentos, pero tal vez sea necesario cuidarla un poco más.

 

Iemanjá

 


Aloha Rina

En los años sesenta, en este río tan ancho como el mar, más específicamente en la playa Pocitos nacía el Surfing uruguayo de la mano del “Vispo” Rossi. “El Vispo” era guardavidas de la casilla de la bajada de la calle Gabriel Pereira y ahí reunía a su barra en la cual se encontraban Fernando y Rina Bassega. Rina, posiblemente la primer mujer surfista uruguaya, se inició deslizándose en las olas junto a esa banda de “Pocitos Beach”. Recién la conocí a mediados de los ochenta en una de mis pasadas por Uruguay; una mujer hermosa, elegante y amable. A menudo nos cruzamos por la playa paseando nuestros canes y a través de los años me fue regalando anécdotas del Surfing de estos lares.

Ella se fue de la mano del cáncer hace unos años, dejando vibrantes recuerdos en la memoria de quienes la conocieron. Hace unas pocas semanas cuando debía encarar una nueva tela en blanco, bajé un par de cuadras a la playa Honda para ver a mi amigo Jordi Rossi, el hijo de “Vispo”, el mismo que mamó desde muy chico toda la historia del Surfing, a la sombra de su padre.

Entre todos los cuentos que me hizo de Rina, a quien el veía como una hermana mayor, me contó sobre un día en que aparecieron las toninas en la playa Pocitos y que ella lo llevó en su tablón para nadar con ellas. Recordé entonces que de niño, cuando se aproximaban las tormentas veraniegas, subíamos con mi madre al segundo piso para ver a la toninas que se acercaban a la playa Honda. Seguro que si existe la reencarnación, Rina es ahora una tonina, jugando en las olas de otros mares.

 

Aloha Rina


Alerta Roja

La extensa playa Carrasco fue otro de los lugares favoritos de mi infancia; fue ahí donde vi gente surfear por primera vez y prometí que algún día también lo haría. Un sinfín de recuerdo me vienen a la mente cuando pienso en esta playa; las crecientes del Paraná a mediados de los años setenta, que llenaron las playas de camalotes y serpientes multicolores; ya de más grande fueron las rabonas del liceo o las caminatas al amanecer regresando de algún baile o cumpleaños de quince.

Recuerdo que hace mucho tiempo, mi padre volvía a casa para almorzar, al mediodía. En verano llegaba un poco antes, lo esperábamos prontos para ir a la playa una horita antes del almuerzo, nos subíamos al auto e íbamos los seis hasta la playa Carrasco frente al Hotel Cottage. Revolcones en las olitas, alguna picadura del pie, eran los azares de esa playa. Hace poco bajé por primera vez en más de veinte años a la misma playa; mi desconcierto fue brutal, las arenas estaban recubiertas por un cementerio de plástico, miles de bolsas, tapitas de refrescos y botellas no retornables de todas las marcas formaban el nuevo paisaje apocalíptico.

Es aquí que encuentro a Magalli, disfrutando del sol mientras su belleza contrasta con este horrendo panorama, inmediatamente me recordó a aquella tapa del disco de 1975, Crisis? What crisis? de los genios de Supertramp.


 

Publicidad

728x90 Salus