Guayasamín: El Camino del llanto

José Miguel Guayasamín, de descendencia indígena y Dolores Calero, de descendencia mestiza, criaron a sus 10 hijos en un ambiente humilde. Oswaldo Guayasamín fue el mayor de los hermanos. Una familia con muchas privaciones y pobreza.
Guayasamín: El Camino del llanto

José Miguel Guayasamín a los siete años Oswaldo manifestó su vocación artística y comenzó a pintar sus primeras obras. Su vida fue complicada. Fue expulsado de seis colegios por falta de talento. Guayasamín observaba el rostro de sus maestros que lo sacaban de clase por caricaturizarlos, uno de ellos llegó a decirle: “hazte zapatero... porque no sirves para nada».

Su primer encuentro con la crueldad de la vida, el azote de la violencia y la injusticia de los asesinatos, que le llenó rebeldía el corazón, se titula Los Niños Muertos, recoge la brutal escena de un grupo de cadáveres amontonados en una calle de Quito, entre los que hay un chico de su barrio, su mejor amigo, de apellido Manjarrés, asesinado por una bala.

Asume una posición, frente a las crueldades e injusticias de una sociedad que discrimina a los pobres, a los indios, a los negros, a los débiles. Su nombre y ascendencia indígena, la pobreza de su infancia, el asesinato de su amigo, la crisis agobiante de los años 30, la Revolución Mexicana, la Guerra Civil española, y todo lo que va sucediendo en el mundo le hacen ver y sentir una realidad que se agudiza con el paso del tiempo y frente a la cuál asume una actitud ideológica que se manifiesta en sus obras.

 

 

En 1940 se graduó de pintor y escultor en la Escuela de Bellas Artes, dos años más tarde ganó sus dos primeros premios, en el Salón Mariano Aguilera, en 1956, su cuadro El Ataúd Blanco ganó el Gran Premio de Pintura de la III Bienal Hispano-Americana de Arte. Fueron llegando otros premios y reconocimientos a lo largo de su vida. A su primera exposición asistió Nelson Rockefeller, en ese entonces encargado de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Quedó impresionado con el trabajo de Guayasamín, le compró cinco cuadros y poco después gestionó una invitación para que el pintor visitara y exponga en Estados Unidos durante siete meses. Tiempo que Guayasamín aprovechó para visitar todos los museos posibles y conocer el trabajo de artistas como El Greco, Goya, Velásquez, Picasso, Renault, Orozco, entre otros. Viajó a China, India, URSS, Egipto, Grecia, y toda Europa, pero especialmente a Cuba, donde nació una gran amistad con Fidel Castro, al que pintó varios retratos.

Nunca se afilió a un partido político, siempre militó en las causas de solidaridad con los pueblos oprimidos, en la lucha por la integración latinoamericana, contra las dictaduras, contra los abusos y agresiones de los países poderosos e imperialistas; por la Paz.

En 1961 comenzó su segunda serie, La Edad de la Ira, con la cual quería mostrar los lugares y hechos que se convirtieron en mataderos de la humanidad durante el siglo XX, como fueron los campos de concentración nazis, la guerra civil española, las dictaduras en América Latina, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las invación a Playa Girón en Cuba, entre otros. Esta serie, decía, - quedará inevitablemente inconclusa, puesto que es parte de un proceso histórico todavía en marcha.

Con el dinero ahorrado durante ese tiempo en Estados Unidos, Oswaldo viajó a México con el objetivo de conocer a Orozco a quien admiraba profundamente, durante su visita conoció también a Diego Rivera y de ambos aprendió la técnica de pintar al fresco. En ese viaje entabla amistad con el poeta chileno Pablo Neruda.

En 1945 emprendió un viaje desde México hasta la Patagonia, recorriendo de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, haciendo apuntes y dibujos para la que será su primera serie de 103 cuadros, denominada Huaycayñan, que en quechua, una de las lenguas aborígenes de Ecuador, significa El Camino del Llanto. Esta serie relata la miseria y sufrimiento que Guayasamín observó en los pueblos de América Latina durante ese viaje.

En 1976 creó junto con sus hijos la Fundación Guayasamín, y a través de ella donó al Ecuador todo su patrimonio artístico, con el que organizó tres museos: Arte Precolombino con más de 2.000 piezas, Arte Colonial, más de 500 piezas y Arte Contemporáneo con más de 250 obras. En este último se exhiben los cuadros pertenecientes a la Edad de la Ira, la cual fue donada en su totalidad para evitar que se dividiera, como pasó con Huacayñán.

En la década de los '80, los Conciertos de Bellavista fueron una iniciativa Oswaldo Guayasamín para proporcionar un espacio cultural gratuito que difundiera a los artistas de la música ecuatoriana y internacional. Durante esa época, los conciertos gozaron de una importante popularidad y concurrencia, participando figuras como Cecilio Tieles, Ernest Xancó, Pablo Milanés, Carmen Gonzáles, Ángel Parra, entre otros.

 

Guitarrista

 

Esa misma década comenzó a trabajar en una nueva serie: Mientras Viva Siempre te Recuerdo, también conocida como la Edad de la Ternura o simplemente La Ternura, en homenaje a su madre, la cual da un giro esencial a los trabajos de Guayasamín. Es una declaración de amor a su madre, quien lo apoyó desde el principio a ser pintor, un homenaje a la mujer de la tierra, una defensa de la vida, la defensa de los Derechos Humanos.

Realizó más de 200 exposiciones individuales en los museos más importantes de Francia, España, Italia, la ex-URSS, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, México, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina, entre otros. Pintó a grandes personajes contemporáneos, escritores, artistas, políticos, estadistas. Entre ellos se destacan Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Gabriela Mistral, Fidel Castro, Benjamín Carrión, Gabriel García Márquez, Ernesto Cardenal, Rigoberta Menchú, Danielle y Françoise Mitterrand, el Rey Juan Carlos de España, la Princesa Carolina de Mónaco algunos incluidos en un libro.

 

Los críticos, coleccionistas, personajes conocidos en el mundo, consideran que la obra de Guayasamín, cuya identidad es universal e inconfundible - trascenderá porque en ella está reflejada, con ira y con ternura, la imagen de El tiempo que me ha tocado vivir, como decía el propio Guayasamín en un libro editado por el Instituto de Cooperación Iberoamericano de España.

Huacayñan: Es la cuarta serie pictórica o etapa. Es una palabra kichwa que significa El Camino del Llanto. Una serie de 103 cuadros pintados después de recorrer durante dos años Latinoamérica. La Edad de la Ira: Esta es la segunda gran serie pictórica o etapa. La temática fundamental de esta serie son las guerras y la violencia, lo que el hombre hace en contra del hombre.

Mientras vivo siempre te recuerdo: es la tercera gran serie o etapa, también conocida como La Edad de la Ternura, una serie que Guayasamín dedicó a su madre y las madres del mundo. La serie incluye 103 cuadros y abarca de 1996 hasta 1999, aproximadamente. En los últimos años, su fundación ha logrado adquirir algunas de estas obras, para contar con piezas de todos sus períodos. Con Huacayñán, a fines de los años 60, el artista se presentó en tres bienales: Sao Paulo, Barcelona y México y en las tres obtuvo el más alto reconocimiento.

 

La cantera - Oleo sobre tela – 159 x 199

A partir de 1996 inició en Quito su obra más importante, el espacio arquitectónico denominado La Capilla del Hombre como un homenaje al ser humano, especialmente al pueblo latinoamericano con su sufrimiento, luchas y logros, pasando por el mundo precolombino, la conquista, la colonia y el mestizaje. Falleció el 10 de marzo de 1999, sin ver finalizada su obra máxima, La Capilla del Hombre, cuya primera fase se inauguró en el 2002.

Este proyecto fue declarado por la UNESCO como prioritario para la Cultura y fue ejecutada con aportes de entidades de Ecuador, Chile, Bolivia, Venezuela y con la solidaridad de artistas, cantantes y pintores, de Hispanoamérica con la donación de obras y la realización de festivales musicales. Sus cenizas descansan bajo el denominado Árbol de la Vida, un árbol de pino plantado por el mismo Guayasamín en la casa en que vivió sus últimos 20 años.

En el entorno de La Capilla del Hombre se conjugan, su arquitectura, los cuadros, murales, esculturas, sus espacios abiertos y el mensaje de compromiso con los Derechos Humanos, la Paz y la Solidaridad. Declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural del Estado Ecuatoriano por Congreso Nacional.

La Capilla del Hombre se aleja de lo religioso. “Es un centro de recogimiento, un sitio donde se pueda meditar sobre la trayectoria de la humanidad en este continente, desde hace milenios, hasta nuestros días.” Guayasamin. En agosto de 1995, se colocó la primera piedra y partir de 1996 se inició su construcción.

La primera fase del proyecto se inauguró el 29 de noviembre del 2002, y se lrealizó con aportes del propio Guayasamín, y de entidades de Ecuador, Chile, Bolivia, Venezuela y de la solidaridad de artistas -cantantes y pintores- de Hispanoamérica con la donación de obras y la realización de festivales musicales.

Tiene un área aproximada de 4000 metros cuadrados de construcción.
Está dividida en 2 plantas:

la Primera Planta o PB corresponde a la Sala Contemporánea, tiene un piso hecho en Chanul, madera utilizada en América desde el siglo XIX, y el Subsuelo corresponde a la Sala Prehispánica, tiene un piso hecho en piedra Laja (roca negra volcánica utilizada en los Templos de Sol). El piso de los pasillos o cámaras laterales de la Sala Prehispánica tiene Tejuelo o Gres de arcilla cocida, que era el material utilizado en templos y Capillas Católicas.

Con una arquitectura claramente andina, que evoca los precedentes arquitectónicos producidos por nuestros pueblos originarios, hace más de tres mil años, la Capilla del Hombre se ha convertido en uno de los edificios culturales de mayor significación identitaria de nuestro continente, tanto por su arquitectura como por la obra de arte que en ella se exhibe.

Es como una gran piedra, de gran simbolismo, colocada en el paisaje andino. Evoca la presencia sin tiempo de nuestras culturas, la resistencia cultural a la enajenación y, la permanencia y persistencia de nuestra cosmovisión y valores fundamentales, como pueblos, como etnias, como culturas.

 

Capilla del Hombre

Su presencia monolítica, su cono-cerro metálico que hiere el paisaje y el luminoso cielo andino, por el que ingresa la luz solar uniendo el cielo con el suelo, los dioses con los humanos y el sol con el fuego, constituyen los argumentos y a la vez la fortaleza de esta propuesta arquitectónica, contenedor austero y silencioso de la obra del maestro Guayasamin, en Quito, en el cerro de Guanguiltagua, en la ciudad del sol, a tres mil metros de altura, en la mitad del mundo y del tiempo.

La estructura de la Capilla del Hombre es antisísmica, comienza desde la estructura superior hacia la inferior, y desde los cimientos se encuentra apoyada por péndulos que soportan y equilibran el movimiento. La división entre cada planta es una loza articulada, sin apoyos centrales, con un orificio de 9 metros de diámetro, y capacidad para 1800 personas.

Se pueden apreciar las vigas de soporte, y un pasamano de madera de singular belleza por su construcción artesanal. Las salas de exhibición constituyen Cajas Ciegas, espacio sin ventanas que permiten al visitante concentrar su atención en la obra tanto arquitectónica como pictórica, sin distraerse con los elementos del exterior. La Capilla del hombre se encuentra ubicada en la loma Guangüiltagua, limitando con el Parque Metropolitano, Mariano Calvache E18-94 y Lorenzo Chávez. Bellavista, Quito, Ecuador.

La Capilla del Hombre

 

Proyecto y Dirección Arquitectónica: Arq.Handel Guayasamin.
Diseño estructural, Ingenierías y Construcción: Ing.Diego Robalino.
Gerencia del Proyecto: Arq.Alfredo Vera.
www.guayasamin.org

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