Eduardo Bolioli: 4 Décadas Rodando 2
Eduardo Bolioli
4 Décadas Rodando
Arte, deporte, recreación, expresar lo que uno siente, imagina, sueña y quiere compartir son ingredientes que forman parte de la vida de quienes en forma free lance conocen y respetan las tormentas, los días de sol, las aguas saladas, los duros pisos, de los que saben valorar una tabla quebrada, para transformarla en una obra.
Estas obras y relatos de Eduardo Bolioli me recuerdan a las primeras chatas o carritos fabricados con maderas, cuatro rulemanes, clavos, bulones y una cuerda para controlar el eje de la parte delantera, donde se colocaban dos de los rulemanes más pequeños. Dependiendo de la habilidad de cada uno, se podía controlar la cuerda y dirección del carro con los pies o las manos. Se conducía sentado, como si fuera un kart, empujado por algún amigo que se apoyaba en la espalda del que disfrutaba del impulso para rodar artesanalmente en aquel tiempo, gracias a los materiales proporcionados por algún taller mecánico o cajones de madera de alguna fábrica o almacén.
En estos días he visto pasar más frecuentemente, parados en sus tablas, a jóvenes recorriendo las nuevas calles que rodean mi casa. Suelo verlos también por otras zonas, bajadas, zigzagueando entre el tránsito y la gente que camina por la rambla. Lo que me llama la atención es que todos van en dirección Buceo, o Pocitos como si fueran al Skate Park o a esperar el encuentro de Eduardo en el WTC. Bolioli aterriza entrada la primavera, como el club de sus amores.
Sus venas son la ruta de la adrenalina que se escapa de su alma, para estar rodando desde hace casi cuatro décadas por el asfalto, el agua, el arte y diseño. Vive hace tiempo en Honolulu, Hawaii. Llega a Montevideo para exponer algunas de sus obras en el WTC.
Bolioli estará rodando durante 16 días por el WTC; serán pocos días para una propuesta tan interesante y que llega desde tan lejos. Aloha!
Cuatro décadas rodando, arte sobre ruedas
Adicto
2016 - marcadores sobre tablas de skate calada
Popularmente se dice que las drogas blandas conducen a otras más adictivas, tal es mi caso. Descubrí la adrenalina de muy chico, esa sensación increíble de volar al saltar de una hamaca queriendo llegar más alto; luego vino la bici, saltando alguna montañita de tierra y, a los diez años, mi primer bajada con un skateboard.
Llegó un momento en que la adicción al skate era tal, que no pensaba en otra cosa, mientras la profe de Química dictaba su clase, en mi mente pasaban películas de bajadas, derrapes y rampas verticales. En el verano del 79, en una tarde oscura de tormenta, tres surfistas me vieron hacer trucos con la tabla en el gimnasio de Pinamar, me ofrecieron una dosis de surfing gratis en la desembocadura del Pando, a cambio de que les enseñara los trucos.
Llevo 37 años y medio evitando las ocho horas, revolviéndome con el freelance, para poder saciar mi adicción.
Finalmente lo admito:
Mi nombre es Eduardo y soy adicto al agua salada.

Clandestino
2016 - Acrílico y marcadores sobre madera y skate partido
En los EE.UU., a principios de los 80, sin pistas ni rampas debido a las demandas judiciales surgió el street skating, donde buscábamos cualquier pared que se asemejara a una rampa u ola. Al principio, no habían mayores problemas más allá del ocasional raspón contra el asfalto, pero al tiempo los guardias de edificios y la policía comenzaron a prohibirlo, de ahí salió el calco Skateboarding is not a crime, por lo tanto el skate tomó una suerte de onda clandestina, lo que lo hacía mucho más cool.
En la Universidad de Montclair, en New Jersey, encontramos un desnivel semejante a una ola gorda de dos metros, era imposible andarlo de día debido al personal de seguridad, así que comenzamos a curtirlo de noche con mi hermano Álvaro.
A la semana, comenzamos a llevar nuestras tablas al cine donde trabajábamos y luego de cerrar, nos íbamos a MSU junto al californiano Mark Davis.
La gran ola de concreto nos duró poco, nos descubrió la gente de seguridad y tuvimos que salir a buscar nuevas rampas.
Los canales de desagüe, las rampas de carga de camiones y el cementerio eran los lugares que curtíamos por las noches, hasta que oímos hablar de los bancos del Brooklyn Bridge, eso fue como encontrar la ola perfecta.

Rollie Stones*
2016 - Acrílico y marcadores sobre madera y skate partido
En 1979 grupos como los Bee Gees se acaparaban del aire de las radios uruguayas y el hit Baby I love your way del álbum de Peter Frampton titulado Comes Alive! recién se dejaba oír en CX 50 Radio Independencia, pese a que el álbum era del 76, mi tema favorito era Do you feel like we do pero nadie me daba bola y me decían que era horrible.
Fue entonces gracias a David, un norteamericano que andaba con nosotros en skate, que escuché el tema Miss you de los Rolling Stones por primera vez. Era una melodía que se adaptaba perfectamente a nuestra forma de andar ya que recién comenzábamos a curtir rampa.
Mientras tanto al otro lado del globo, en California, skaters vanguardistas como Jay Adams, Duane Peters, Steve Olson y los hermanos Alba detonaban bajo el estruendo del punk californiano. * la marca de la época, Rollie board.

Alex Atala
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tabla reciclada en panel de madera
A veces una obra involucra muchas horas de sólo contemplar el objeto que se va a intervenir, éste es el caso de otra tabla más, partida por el skater hawaiano Chris Miyashiro.
Miraba esa cola partida y veía una barba, pensaba en hacer un autorretrato pero no me convencía, además a quién le puede llegar a importar cómo yo me veo.
Navegando en internet en busca de ayudamemorias sobre la época, me crucé con la foto del brasileño Alex Atala en una tabla de skate.
Su filosofía gastronómica, así como su defensa por el Amazonas pronto me transformó en fan, por más que todavía no he tenido oportunidad de probar su cocina.
Pintó entonces este retrato de Atala, DJ, modelo, medioambientalista, rebelde de la gastronomía y también skater, mucho más interesante que un autorretrato.

El Gato
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tabla de skate calada
En el 79 mi padre nos trajo la primer revista Skateboarder de EE.UU., yo ya andaba solo desde el 71, primero en Suiza y luego por las calles de Montevideo, a principios de los setentas nunca me encontré con otro skater, por lo tanto no tenía mucha idea de lo que acontecía en el mundo del skate hasta que abrí esa revista.
Eddie El Gato Elguera, figuraba en la tapa haciendo un inexplicable invert.
La revista pasó por manos de todos los chicos que me conocían y creo que entonces fui hasta más popular que el pibe que tenía la Playboy.
Cada página me partía la cabeza, era un mundo nuevo, costaba creer cómo habían logrado llegar ahí, fotos de hand plants y aerials con un cielo azul polarizado, otro mundo. Pero pese a ello me asombró la cantidad de apellidos hispanos en una revista americana, Peralta, Alba, Rodríguez y por supuesto El Gato Elguera, quien se transformó rápidamente en mi primer ídolo del skateboarding.

Entrevero
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tabla reciclada
Admito que de chico fui un dolor de cabeza para mis padres, no hubo escuela o liceo que no llamara con alguna queja, pero la verdad es que no encajaba, así de simple.
Ya de entrada era pelirrojo y pecoso, por lo que obviamente era el bicho raro, para peor no me estimulaba estudiar, Bellas Artes estaba cerrada y no tenía interés alguno en las carreras convencionales.
Mi rebeldía me llevaba a meterme en problemas, enfrentamientos con maestros, profesores y adscriptos entreveraban la ya complicada adolescencia.
Esta obra es sobre esos días que a menudo tenemos de entrevero, en que las cosas no salen bien y necesitamos escaparnos. De chico, la velocidad y el olvido estaban proporcionalmente vinculados; en esos días de entrevero, cuanto más rápido iba en mi tabla más me alejaba de mis entreveros.

El 108
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tabla de skate calada
A mediados de los años 70s mirábamos El Sabor del Peligro con Chuck Connors; en Uruguay no existían pistas, ni rampas y poca información nos llegaba sobre el furor del skateboarding en los EE.UU.
Por lo tanto, al estilo del programa de TV buscábamos nuevos desafíos, uno de ellos era esperar a que parara el 108 en Juan Manuel Pérez (Ahora Alberdi) y Bolonia, ni bien arrancaba en dirección a Carrasco nos mandábamos frente al bondi con las tablas, la diversión era ir zigzagueando por la pendiente frente al bus y cada tanto mirábamos al chofer y su cara de pánico, al llegar a Dublín doblábamos a la derecha al tiempo que escuchábamos alguna puteada del guarda.
No me sueltes
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tablas de skate recicladas
No me sueltes. En los 70s hacíamos el catamarán con los skateboards, se hacía de a dos, colocábamos las tablas en paralelo apuntando en la misma dirección, nos sentábamos en ellas enfrentándonos y apoyando los pies en la tabla del otro, a su vez nos tomábamos de las manos y nos largábamos por las bajadas inclinándonos para un lado o el otro para doblar, tal cual un catamarán.
Lo importante era no soltar las manos o se corría el riesgo de estrellarse contra el cordón.
Ésta era una de las pruebas de velocidad en la pista y tal vez la única que podíamos hacer junto a una chica, por lo tanto a esa edad si bien lo más importante era ganar la prueba, el catamarán era la gran oportunidad de acercarse a alguna de las pocas chicas que frecuentaban la pista.
Esta obra más que nada refiere a esa suerte de catamarán que estamos haciendo a la distancia con mi pareja, inclinándonos para uno y otro lado esquivando obstáculos.
María
2016 - Acrílicos y marcadores sobre tabla reciclada
Esta obra titulada María, nace de una tabla partida y astillada digamos que totalmente destrozada. Cuando comencé a jugar con los dos pedazos de tabla, posicionándolos de distintas maneras buscando esa forma mágica que me inspire algo, llegué a colocar las dos colas de la misma, juntas.
Una tabla con cola doble ancho, pensé, la moví un poco y vi dos senos, inmediatamente hice la asociación con el cáncer de mama, no sólo por la forma sino por lo que debe ser la reconstrucción de la persona misma, tanto física como espiritual.
Pensé entonces en María, una mujer de la otra orilla, radicada en Montevideo, hincha del Montevideo Wanderers, fanática de los caballos y que ahora vive con esa maldita enfermedad.
Nada tiene que ver con el skate pero verla en la pantalla día a día y ver cómo vuelve a levantarse me inspiró a hacer esta obra.
Con la tabla nos hemos dado miles porrazos y golpes duros, pero ninguno es tan duro como esta enfermedad de mierda.

Frágil
2016 - Acrílicos, marcadores y resina sobre tabla partida
Estaba en el skateshop, en espera de que el dueño me regalara unas tablas usadas para continuar trabajando en esta muestra. En eso entra un chico, bastante irritado con una tabla que parecía un acordeón, así que lo abordo y le pregunto, ¿la vas a tirar? Me mira serio y me contesta positivamente, de inmediato pregunto, ¿me la puedo quedar? Me mira muy seriamente y me dice NO, pero al minuto se ríe y me dice más bien, llevate esta porquería, pensé en que el desperdicio de uno es el tesoro de otro y me llevé la tabla bajo el brazo.
Nuevamente la miré por todos lados totalmente fascinado con la forma, mientras buscaba cómo relacionarla a esa época de los inicios del skateboarding en Uruguay.
No encontré algo directamente ligado, pero quedé pensando en que esa tabla partida y apenas sosteniéndose junta por algunas fibras o astillas, no la podría tocar mucho ya que estaba demasiado frágil, al igual que nuestro planeta. Hemos llegado al punto que éste no tolera mucho más; cuánta diferencia con el Montevideo del 79, vivíamos con mucho menos pero teníamos mucho más.

Contrastes
2016 - Calado sobre tabla usada
Otra tabla que me resultaba difícil de encarar; por un lado quería intervenir la tabla manteniendo las gráficas desgastadas, pero no lograba imaginar algo que pueda mantener una cierta armonía con esos dibujos de monstruos del comic que nada tienen que ver conmigo.
Así es como al rato de observar surge en mente la palabra contrastes.
La vida es una serie de contrastes, poder manejarlos es vital para el bienestar, un par de días previos a arrancar con esta tabla el hasta entonces presentador de la muestra se echó para atrás sin previo aviso, obligándonos a recomenzar. Si bien el sentimiento de frustración se apoderó instantáneamente, igual de rápido se dieron vuelta las cosas al cambiar a una actitud netamente positiva. Esa misma energía me llevó a una amiga que se la pasó a otro amigo que le presentó la propuesta a Scotiabank Uruguay y quien hoy está presentando esta muestra.
La vida está llena de contrastes, hay que mantener la actitud positiva y los amigos cerca, ellos nos ayudan a pasar por los días sombríos.

360
2016 - Calado sobre tabla usada
Esta tabla es un experimento, un deseo de hacer algo diferente, aunque usando líneas que ya forman parte de mi lenguaje artístico. De la misma forma que experimentaba con el skate en el 73 cuando la tabla no tenía levante en la cola y andaba manteniendo las ruedas adheridas al piso.
Errores, caídas y realmente no saber qué estaba haciendo era parte de experimentar con la tabla. Accidentalmente un día me paré muy atrás en la tabla y quedé andando en dos ruedas antes de desparramarme por el suelo.
Eso me llevó a descubrir una nueva forma de andar en el skate; levantaba las ruedas delanteras y giraba hacia mi derecha cada vez girando más, hasta que un día logré dar la vuelta entera. Claro, ni idea teníamos que en California, eso mismo lo estaban haciendo en rampas verticales desafiando las leyes de la gravedad.
El skateboarding es más que un deporte, es una suerte de arte lleno de accidentes, el arte también está lleno de accidentes y de esos mismos nacen otras ideas.
setiembre - octubre 2016
Lobby Torre 3 WTC Montevideo
enero 2017 Galería Los Caracoles
José Ignacio, Maldonado, Uruguay