Hombres, héroes y monstruos

Hombres, héroes y monstruos

Joaquín Torres García

Hombres héroes y monstruos
Serie de retratos constructivos

Museo Torres García
Peatonal Sarandí 683
Ciudad Vieja
Montevideo

"Tenía una deuda con los hombres ilustres (a los que debo mi formación) y a los que fui siguiendo humildemente, y la voy saldando poco a poco, y aún tengo para tiempo. Después de esos venían otros, menos grandes, pero todavía ejemplares;
y después amigos, que también fueron maestros y con los que también estoy en deuda. Pero contra esa teoría de grandes espíritus, estaba la caterva innumerable de los ruines y mal formados, (hombres y mujeres) ante los cuales tuve que reaccionar mil veces y cuyas horribles efigies son los monstruos que exhibo.

 

foto aldo novick


Esto en cuanto lo que podríamos llamar lo humano o psicológico; porque en primer plano, está la pintura: la estructura
ajustada a la medida armónica, el ritmo de cada obra, los tonos o colores, y las calidades de la materia plástica: y entonces, si su estructura fue encomendada a un trabajo consciente, lo demás fue dejado en libertad, a la libre fantasía de lo inconsciente.





Y en esto cada personaje tuvo lo que le correspondió, sin que entrara en la cuenta propósito alguno por
parte mía." J. Torres García, octubre 1945. Los hombres célebres y el Universalismo Constructivo. La Fundación y el Museo Torres García se precian justamente de poseer la mayoría de los retratos de la serie “Hombres Célebres” que el maestro realizara entre los años 1939 y 1946, en parte coetánea de las series de pinturas con perspectiva central y de aquella otra postrera, en que pintó la convivencia arcádica de hombres y mujeres “universales”.




Hoy, el papel artístico relevante en la vanguardia de la pintura moderna europea y pionera en múltiples aspectos del arte
latinoamericano de J.T.G. ya son reconocidos, y su obra ha sido frecuentemente estudiada y altamente valorada. Empero, esta serie que por una parte manifiesta la continuidad de los empeños del artista de crear un arte de sentido opuesto al generalmente seguido por los creadores automatistas, sensualistas y vulgarizantes de las metrópolis y que, por otra se distingue netamente del resto de su obra constructiva y simbólica, sugiriendo una suerte de ruptura, nos invita una vez más,
a referirnos a los modos del hacer y de sintetizar lo aparentemente opuesto de este tan peculiar artista.




El estudio de los modos de un pintor está erizado de dificultades. Las cambiantes cualidades de los elementos, de las
relaciones formales y de la significación, entre otros problemas, desalientan al osado que lo intenta, pero sirve para reconocer la vastedad de lo sensible y de la trama ideológica que anima la creación, a sabiendas de que el enriquecimiento no está sólo en el conocimiento que se expone, sino también en el ejercicio de la facultad de descubrir, de organizar…





La serie de los “Hombres Célebres” fue inicialmente concebida como un homenaje a aquellos que el maestro reconocía de su
tradición personal a quienes “le habían enseñado, le habían ayudado a ser lo que era” y merecían por ello figurar en una
suerte de parnaso individual. Después, sin embargo, adoptó otro carácter. A las primeras obras se sumaron otras y con ellas aparecieron otros personajes con los que el pintor guardaba –digámoslo con pudor- una distancia crítica.

La celebridad que
los agrupa reconoció entonces causas disímiles, prohombres y seres monstruosos figuran en ellas. Así lo reconoció Torres cuando tituló “hombres, héroes y monstruos” la exposición de esta serie, que realizara en el local de la librería “Linardi”
de Montevideo, en 1945, aunque en ocasiones, con cierta ironía, también se detuviera en quienes eran sólo personajes pintorescos. La inmensa mayoría de los retratos provinieron de reproducciones de cuadros y grabados y de simples fotografías de los periódicos. Excepcionalmente obedecieron a una experiencia “in vivo” o fueron hijas de especulaciones constructivas en las que el lenguaje del pintor habla por sí y de sí mismo, (como en “el marinero”, “el obispo”, y otras). (...)

Anhelo Hernández, Montevideo, 30 enero 1990


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