Lenine
Auditorio Nacional del SODRE
3 de agosto 2022
por José M. Barrios
Papina de Palma:
La insoportable liviandad de un telonero
Cuando un productor de espectáculos musicales, decide incluir a un artista nacional en un espectáculo internacional, por lo general lo hace para evitar el pago de cierta carga impositiva, y no como debería ser, dar a conocer propuestas novedosas a un público más importante en número. Pero por supuesto, debe tratarse de un número de nivel, acorde a las circunstancias. Recordemos por ejemplo que, en la primera visita de Caetano Veloso a Montevideo, en 1993, fueron invitados Jorge Drexler y Rubén Olivera.
El pasado miércoles 3 de agosto Papina de Palma abrió o teloneó Rizoma, la propuesta de Lenine y no solo se excedió más de lo prudencial en su performance, sino que también con una insoportable verborragia plagada de banalidades, tales como exigirle a los presentes, que tenían que (como ella) recurrir a la terapia, porque “el que reniega de ella, algo le pasa”, o la historia de cómo llegó a un libro de Barran, para llamar la atención de un chico y componer una canción con ese nombre (Historia de la Sensibilidad en el Uruguay). Y, por si fuera poco, el contenido literario de las piezas que presentó, fueron de una pobreza casi escolar. Los presentes no pagamos entrada para soportar a de Palma y llegar fastidiados a Lenine, que fue como un vendaval barriendo la mediocridad de alguien que mal utiliza el espacio escénico.
Lenine:
Rizoma: la real dimensión de un referente de la música popular brasileña
Además del profundo espíritu filosófico, Rizoma es la vida, la creación y el espíritu de Lenine reflejados en una muestra muy representativa de su obra, que el prefiere llamarlo como homenaje a los productores, compositores, arregladores y técnicos de grabación que trabajaron con él en todo este tiempo.
Con su hijo Bruno Giogi multiinstrumentista (e ingeniero de sonido) arman toda una estructura sonora y visual donde lo simple y despojado se apoya en las complejidades de lo artificial (ejemplo de lo bien que puede utilizarse la tecnología). En casi cuarenta años de carrera fonográfica la esencia nordestina se cruza con elementos de rock, funk, afro y todo lo que significa realmente fusión creativa.
Lenine habla poco, pero con la profundidad reflexiva que le generó el peor tiempo de aislamiento, sus dudas y angustia “se acordarán de mis canciones?”, “el reencuentro desde el escenario, la emoción como las primeras veces, la necesidad de sentir”. La guitarra de Lenine es una máquina de ritmo, el bajo eléctrico de Bruno el sostén, paisajes sonoros desde la laptop, sonido perfecto, la iluminación como complemento de una presentación sin estridencias ni demagogia, demostrando que la música y el músico van unidos por la inteligencia, creatividad y el sentimiento.