Galo Mora Witt sobre Manuel Capella

Sábado 26 de agosto 2023, Teatro Solís
Galo Mora Witt sobre Manuel Capella

Galo Mora Witt sobre Manuel Capella
Manuel Capella y el exilio

 

En 1970 un acontecimiento conmocionó a Montevideo y la política continental al develarse el secuestro y ajusticiamiento de Dan Mitrione, agente de la CIA especializado en técnicas avanzadas de contrainsurgencia, de acuerdo a los propios documentos hoy desclasificados por la Compañía. El 31 de julio fue secuestrado por un comando y, tras ocho días de negociación y pretensiones de canje por la excarcelación de 150 detenidos políticos, intercambio al que el presidente Pacheco Areco se negó, Mitrione recibió cuatro balazos en la cabeza y su cadáver fue encontrado dentro de un viejo automóvil.


El film Estado de Sitio, del griego Costa Gavras, con la actuación de Yves Montand, demostró la violación sistemática de los Derechos Humanos, la creciente fascistización del gobierno uruguayo y al cruel verdugo que se ocultaba tras la faz de funcionario de la embajada estadunidense. La dictadura civil de Juan María Bordaberry, con la supresión de todas las garantías constitucionales en 1973, derivó en persecución, proscripción, juicios sumarísimos o asesinato de los principales opositores.

El Partido Comunista, las organizaciones del Frente Amplio y el Movimiento Nacional Tupamaro fueron víctimas de la execrable alianza de elites uruguayas y militares alienados por la Escuela de las Américas. Lo más brillante y profundo del pensamiento debió exiliarse, como los ensayistas Ángel Rama y Eduardo Galeano, el dramaturgo Atahualpa del Cioppo y los integrantes del afamado grupo de teatro El Galpón, la Camerata Punta del Este, los poetas Mario Benedetti e Ida Vitale, el novelista Juan Carlos Onetti, los cantores Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, José Carbajal, Yamandú Palacios, Los Olimareños, Héctor Numa Moraes.


El fundador del nuevo canto, Aníbal Sampayo, purgó ocho años de prisión, hasta que se acogió al exilio en Suecia en 1980, el mismo año que Osiris Rodríguez Castillo, optó por desesperado retiro en Madrid. El dramático cautiverio de más de una década de estos tres últimos motivó el reciente film La noche de doce años, referencia al trágico destino de los prisioneros en las cárceles de la dictadura.
El camarada Manuel Capella llegó a Guayaquil desde Lima, obligado al desarraigo y la expatriación. Con la canción Se trata de caminar. Manuel emigró en bus, a caballo, a pie, hasta la capital peruana donde cultivó grata amistad con el poeta César Calvo. Cuando los militares peruanos derrocaron al gobierno progresista de Juan Velasco Alvarado, debió armar valija y vihuela para llegar en travesía marítima hasta Guayaquil, ciudad en la que su condición de rapsoda dejaría honda huella.


La pintora surrealista, española y republicana, Remedios Varo, al invocar cábala y superstición, dotó a su cuadro El Juglar de una carga esotérica y misteriosa que nos produce una mezcla de asombro y ansiedad, por el temblor malabarista del personaje que no sabemos si canta o encanta, o ambas cosas a la vez. Charlatán de feria y alquimista, el juglar ha sido representado con la carta primera del tarot; con los heraldos para esparcir noticias en la aldea; con la crónica de lo vivencial y cotidiano.


Esa nigromancia de prestidigitador y contador de historias, que viene desde la leyenda de Guillermo de Poltiers, trovador provenzal y Duque de Aquitania, la encontré encarnada en Manuel Capella, a quien me presentó Melania de Hadatty, que lo había conocido apenas el exiliado pisó la tierra guayaquileña. En la añorada Peña Rincón Folklórico del malecón guayaquileño, diseño y pasión del finado chileno Mario Vega, el desfile de artistas latinoamericanos nos hacía entrelazar sueños, acordes y amores. Entre ellos sobresalía la voz caprina de Manuel Capella, de un vibrato continuo, tembloroso y tan extenso.


Ya en Quito fueron las peñas Pacha Mama y Nuestra América, esta última administrada por Manuel y su socio y cómplice, el también cantor chileno Juan Paredes, las que daban paso a esa especie de movida quiteña alternativa, con cánticos y poemas que nos hicieron creer que el amor era eterno o que los vientos huracanados de la revolución convertirían la guitarra en bandera. Encuentros como el de Cantautores Luis Alberto Valencia de 1981; las jornadas de solidaridad con Uruguay junto a Camerata y Zitarrosa, las funciones en el Cascarón de la Alegría de Otavalo, junto al grupo Siripo y Juan Ruales; el Bolivariano en tributo al bicentenario del nacimiento del Libertador Bolívar, desarrollado en Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, entre otras ciudades venezolanas, el ya referido y monumental espectáculo de Managua de 1983, el III festival de la Nueva Canción realizado en Quito en 1984, nos encontraron juntos, arracimados, hermanados.


No solo compartí festivales, sino vivienda. Tras el nacimiento de mi hija en enero de 1978, los padres precoces debimos buscar donde guarecernos, entonces la mano solidaria afloró y fuimos a parar al segundo piso de la peña regentada por Manuel y Juan.
El querido productor y actor Modesto López, español, argentino y mexicano, me cuenta una historia digna de la mancebía que nombraba Faulkner, cuando decía que el mejor sitio para escribir es un burdel, por el silencio de la mañana y la fiesta de la noche. Resulta que Modesto, junto a Manuel y al poeta Antonio Preciado, tras un recital en la ciudad de Esmeraldas, en lugar de ir a un hotel, optaron por la francachela y la farra.

A media noche, sin posibilidad de encontrar alojamiento, fueron conducidos por Antonio al Barrio Caliente y, allí, al prostibulario bullanguero. Entre mariscos y niños que los observaban absortos, Manuel sacó la guitarra y Antonio empezó con su declamación de retumbo. Las señoras de la noche sabían de memoria los poemas y el coro resonaba y se elevaba como oración herética.
Con Modesto fueron hacia México y Centroamérica con el espectáculo llamado Canto poemas del amor, de la tierra y el hombre. Con el advenimiento de la democracia Manuel regresó a su tierra, no sin antes asistir a varias despedidas en las que se empezaba a sembrar la nostalgia.


En la ceremonia de posesión de Rafael Correa Delgado el 15 de enero de 2007, y por propia iniciativa del presidente, se realizó un festival de música del continente. Uruguay fue representado por Manuel que regresó feliz, con más canas y más canciones, más historias y anécdotas, más lucidez y más ternura.
Al enterarme de su muerte, el 28 de mayo de 2013, escribí esta letra, que con música de Miguel, pretende ahuyentar el olvido y renovar los votos de amistad que un día juramos:

Oración a Capella
Quizá tu voz de estruendo caprino,
atemorice la oscura fosa
gallego loco y jacobino,
hermano antiguo de Zitarrosa.
Quizá Noé te reciba hermano,
y que al brindar pa’ calmar el frio
con su rumor te acompañen siempre
aquellos caballitos del río…

Hasta siempre camarada y maestro Manuel Capella, nos queda tu canción, tu violenta voz de galleguayo y Banda Oriental, y tu caravana latinoamericana que al palpitar mezcla la sangre repartida y en su caudal navega el río de la vida.



1 Carta de Manuel Capella al autor; México; 17 de octubre de 1979.

 

 

 

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